En las nueve noches de velorio de la señora Tomasa, la familia Rojas es frecuentemente visitada por personas vinculadas a los partidos políticos que se encuentran en plena campaña electoral a la alcaldía municipal; esta situación le molesta al viejo Benito, esposo de la recién fallecida, quien exige respeto a la memoria de su mujer y pide que lo dejen en paz el tiempo que le queda de vida.

La responsabilidad de todos estos acontecimientos, es de Joaquín, marido de Marina, hija de Benito, que ha negociado el muro de la casa para la propaganda política, sin consultárselo a ninguno de los miembros de la familia, presionado por sus deudas con los paga diario, cobradores de prestamistas al más alto interés y esperanzado según él con una beca de estudio para su hija Liceth, que quiere ingresar a la universidad.

La situación se complica cuando los tres partidos políticos de la ciudad empiezan a presionar insistentemente con sus visitas a la casa exigiendo utilizar el muro para la propaganda de los candidatos a las elecciones municipales, y Joaquín debe decidir cómo resolver el problema en que ha metido a la familia, pero sin sospechar la reacción de su suegro Benito: tumbar el muro.

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